sábado, 27 de marzo de 2010

Muérete de envidia, Woody

Ah... la vacaCEÓN para la ocacEÓN que nos ocupa. Por fin les cuento, queridísimos y escasos lectores, que me encuentro fuera de la joda que me han acomodado desde que me hice un causante ausente - cautivo y obsesivo en la chamba. En mis momentos de working for the man, agradezco la triste escena de estar embutiéndome unas pasitas con chocolate mientras veo un programa de concursos *EPIC FAIL*


De cualquier manera, después de enterarme de que he las ciencias sociales pasaron de moda y yo sigo siendo un vejestorio de poco más de veinte, me he dado el tiempo para contar una que otra nimiedad, acá entre nos. El caso es que puedo presumir que el mismísimo Woody se hubiera muerto de envidia al no poder concebir uno de los episodios más bizarros de mi vida. Ignoremos al sujeto del programa de concursos con la cara tan grasosa que sería un peligro permitirle manejar y ubiquémonos en una tarde de sábado con la ropa pegada al cuerpecito entre el tráfico del aeropuerto. Un mar de coches, mentadas de madre y el clásico olor a caño. Ahora, el escenario se hace todavía más divertido: unos tipos con pinta de golpea esposas atraviesan la calle a riesgo de ser atropellados, sabiendo que su sensual gesto de macho mexicano les salvarían de ser aventados por uno que otro Tsuru con flamitas a los lados y balazos de calcomanía en el coche: Ciudad Neza y una avenida sabrá dónde.

¿Qué nos trae acá, mis estimados? La tortura más terrible que su humilde servidora ha sufrido a últimas fechas, peor que un ataque de colitis o la sensación de que un vaso sanguíneo se les ha reventado en el cerebro. *sonido de misterio* EL DOCTOR NEW AGE.

Paso a explicar: tanto mi progenitor como mi hermana sufren de terribles migrañas, y después de tratar con toda onda pensada y por pensarse, cayeron en manos de un dude que es un prodigio o sabe qué cosa. El caso es que después de despegarnos la ropa y querer besar el suelo cual el Papa tras llegar, nos encontramos cara a cara con un dude con camisa de manta blanca y cabellito largo con un colguije como ese que te quieren enjaretar los vendedores cada vez que vas a las Pirámides. El consultorio, limpísimo y oloroso a guardado y ajo. Todo iba viento en popa, mientras el individuo (que a decir verdad me imaginé tocando los bongós en un jardincito de CU) nos preguntaba nuestros respectivos males, con unas ondas de pajaritos cantando de fondo.

Tratando de mantener la calma, me vi en la repentina conciencia de que el efecto de cascada que se supone era relajante, me provocaba ganas de hacer pis. Pa' pronto, el mano decidió sacar un plumón de pizarrón blanco y, agarrándonos incautos, procedió a hacer preguntas sin fin. Cuando llegó a su servidora, comenzaron las incomodidades: los movimientos intestinales. Fue ahí que me di cuenta de que tengo un don oculto: pude contener la risa mientras pasaban 20 maravillosos minutos hablando de cada uno de los atributos de las heces. Puntos para la idea para romper el hielo en las fiestas.

Después salió el peine y la idea jipi de la energía y la manga del muerto, pero las cosas se comenzaron a poner funky cuando me di cuenta de que el dude le hacía todo: osteo-no-sé-qué-madre, unas ondas de energías, tés... una monada. Pero ahora, era turno de uno de los que deberían institucionalizar como juegos de fiesta infantil: "señale los 15 defectos y chuequeces de la Morena"*. Ahí tienen a su servidora paradita con su metro y medio de estatura, escuchando cosas que ni ella sabía: resulta que tengo una pierna más corta que la otra, y en palabras del jocoso y confianzuda jipi, tengo frankenchichis, una más chica que la otra. Hay que reconocer que me dio una excelente opción alternativa: incorporarme a la vida laboral poniendo la continuación del circo de Cepillín o Capulina, con la chaparrita mocha a.k.a. la Morena de Fuego*. Eso es porvenir y no pedazos.

Acto seguido, pasé lo que me parecieron años con una compresa caliente y una manta de abuelita encima, mientras escuchaba música como de mago charlatán del cuatro en el fondo. Sublime, si eso no les relaja, esperen a imaginar a su servidora siendo amasada cual jamón curado con sal para "deshacer lo contracturado". No sabía si llorar porque el cochino verbo no existía, porque al tipo no le paraba el pico o porque llevaba ya más de cuatro horas en el malhadado lugar. Malaya, hasta me tronó cual sobador de güesos, mientras yo pensaba en agarrar una de sus esculturas talladas en madera onda coyoacanesca y sorrajarle unos buenos en la cara...

Después de la infernal experiencia y sentir que la panza se me pegaba al espinazo, por fin procedió a terminar. Juro que quería correr y retirarme del recinto tras aventarle el polvito de té en la cara para cegarlo, pero cuando al fin ansiaba el momento del pago... sopas. Que se avienta una explicación sobre la física cuántica y chingadera y media. Ya ni llorar era bueno, mejor hubiera sido ponerme a hacer danzas interpretativas con la música. Ansiando que me diera el tratamiento para largarme de ahí, me eché una extensa explicación sobre uno de los elementos del dichoso sistema para limpiar mi cuerpo de heces pulverizadas que me pueden llegar al cerebro (y temiendo llorar popis): *fanfarrias* EL LAVADO INTESTINAL. No sé ustedes, pero me siento muy reservada con respecto a mi colon... bueno, yo digo. No sé qué fue mejor: su jocosa intención de que su servidora se lavara las entrañas con 20 litros de líquido o la explicación cuasigráfica de cómo insertar una cánula por el recto (eco: por el recto, por el recto...).

A lo que yo responderé ante el incidente Allen-esco: me vale madres, soy fan de la medicina occidental.

En fin, que les he de traer más reportes de la bizarra y arranada vida que ahora me ha tocado, anegada a una sala de juntas en la chamba y compartiendo mis fines de semana con personajes como éstos. A la siguiente me lo llevo a Coyoacán, mano.

Ah, y compren la Rolling Stone de abril. Salen dos reseñas y unas traducciones cotorronas de su servidora. Bueno, yo decía.

Y ahora sí, me retiro a intoxicar mi cuerpecito con aguas negras del capitalismo mientras este dude duerme satisfecho al pensar que me aventaré a pasar dos semanas de ayuno *ríe hasta que se hace chis*

Ora sí, no prometeré más entradas... a menos que sean las que me salgan tras arrancarme los cabellitos por los dichosos reportes de los deberes laborales.

Arrrooooooooz ¡!


*Bueno, no.