domingo, 1 de marzo de 2009

Fa Si La


Ver a Peter, Björn & John en vivo (de nuevo, después de un año del altercado en México) es como enamorarse sin efectos colaterales. Como volver a sentir esa cosquilla en medio, con 15 años a cuestas y perfume en las muñecas.


Definitivamente, en el movimiento intermitente de las piernas de Peter, dos acordes del bajo de Björn y tres golpeteos consecutivos en el tom de John, volví a ser una adolescente.

El concierto fue absolutamente más de lo que hubiera esperado. Tras verlos en el Lunario del Auditorio Nacional hace un año, la oportunidad de encontrarme en la primera fila sin mujeres horrendas de cabello sudado que me golpearan en la cara con la mata fue... simplemente fantástica. Además, no hay que dejar de aducir a la bastante calmada audiencia sueca, el lugar estaba difícilmente a la mitad de su capacidad y por supuesto, las cuatro chicas mexicanas éramos las únicas con la inusual audacia de bailar a los acordes de la canción que intitula este post. 

Desde luego, no podía hacerse esperar la archiconocida Young Folks (con todo y que faltaba Victoria de The Concretes, pero Peter siempre se las arregla maravillosamente para llenar aquellos femeninos zapatos...). Comenzaba el beat con las baquetas de John, Björn estaba en el bajo... y Peter en escena, tomando el shaker para la introducción de la canción hasta que por un error de cálculo, éste salió volando fuera del escenario. 

Tal fue la furia del rubio ojiverde que sin dudarlo un segundo, tomó el micrófono para azotarlo sin clemencia contra el suelo del escenario una y otra, y otra, y otra vez. 

Díganmelo a mí, que estaba peligrosamente cerca y temía que la cosa se fuera a poner funky. En fin, que tras su acceso de rabia, el tipo del staff de sonido sólo corrió temeroso a reemplazar el ya bastante madreado micrófono. Un Peter bastante más dalai regresó al escenario con los nudillos ensangrentados para sentarse justo frente a nosotros a cantar Young Folks.

Fantástico.

Además de la encantadora velada en el Kulturbolaget de Malmö (Suecia), no pudo haber mejor tesoro que la plumilla del bajo de Björn que ahora poseo (¡¡muéranse de envidia, mano!!). 

Así reportó la velada de la noche del 26 de febrero del año en curso.
Qué caray. 


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